Nunca fui una fan de las rebajas. Lo que vemos en los noticiarios de la tele ya nos da una idea del barullo en que se convierten esas sesiones de compras compulsivas y locas, pero ayer quise comprobar por mí misma, ser testigo directo de lo que hasta hoy sólo eran presunciones, y allá me fui. No me defraudó mi suspicacia. No me puedo creer que comercios de tanto prestigio saquen a la venta tan horroroso material... ¿70% de descuento? Jejeje... hay que ver qué precios. Y la gente revolviendo todo y llenando todos los pasillos de prendas y perchas tiradas por el suelo que nadie se molesta en recoger, un peligro para la integridad física. Un verdadero desatino.
Ya lo he dicho: me di una vuelta, lo comprobé con mis propios ojos y aluciné. Nunca en mi vida vi tanto material hortera y chabacano. Pero la gente no es tonta. No se compraba demasiado. Quizás la crisis... aunque sí revolviendo, en busca de la ganga anunciada tan a bombo y platillo, no sé por qué este año más que otros.
¡Qué mal están los bolsillos siempre que llegan las rebajas!

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