El emperador Manuel Komneno

una melancólica mañana de septiembre

sintió próximo su fin. Los astrólogos

(esos asalariados) de la corte insistieron

en que aún le quedaban muchos años de vida.

Sin embargo, mientras ellos hablan, el recuerda

una antigua y piadosa costumbre,

y ordena que de las celdas monacales

traigan hábitos religiosos,

y los viste, alegrándole mostrarse

con el aspecto humilde de un sacerdote o un monje.

 

Dichosos los que creen,

y acaban como el emperador Manuel sus días,

modestamente revestidos de acuerdo con su fe.

 

Konstantinos Kavafis