Llevamos camino de salir a chica o mujer muerta por día. Casi siempre el novio, el ex marido o el aún marido en una pelotera de hogar dulce hogar… Que sí, que te encuentras en tu casa tan ricamente haciendo tus labores diarias, a pesar del calor agobiante, y de pronto percibes en tus oídos algo que suena a tragedia en ciernes. Además de gritos y golpes, podemos creer que algunos artilugios vuelan por los aires, y los improperios  invitan a ponerse tapones con tal de no oír alguna que otra lindeza.

Cuando llegué, hace un par de años,  a este bello paraje,  era un paraíso de silencio. Apenas había casas. Ahora se han construido  muchas, y la zona ha ganado en urbanización, pero ¡ay! Las hipotecas, cuánto daño están haciendo… y las suegras, esas suegras que mejor podrían meterse la lengua en cierto lugar. Hablo de esas suegras que están libres de toda culpa  (ellas son perfectas) y, en vez de darle tanto al chisme barato, mejor les iría leyendo algún libro… ¿Se imaginan a estas suegras machaconas leyendo a Saramago (por decir uno, que hay más)?  Primero habrán de aprender a leer. Ésa es la realidad: cuanto más ignorante, más soberbia es la humanidad.